La carrera de Guillermo “Campeoncito” Hernández en el futbol pudo terminar el mismo día de su debut en Primera División con las Chivas. Un día que quedó guardado para siempre en su memoria.
Fueron 13 años de trayectoria que incluyó ser parte de la legendaria plantilla del Guadalajara que conquistó el título en el Verano 97. Un logro que no se hubiera contado si no fuera por su perseverancia en el sueño que tuvo desde niño de ser futbolista profesional.
TE PUEDE INTERESAR: Oswaldo Sánchez recuerda la emotiva llamada con su padre antes de morir
Tenía de herencia la pasión por este deporte. Su padre fue el “Campeón” Hernández, reconocido zaguero de los años 60 y 70. Así que prácticamente toda su infancia la pasó en sus entrenamientos y en los vestuarios.
A pesar de que su papá jugó para América y Atlas, el “Campeoncito” le pidió que lo llevara a una academia de las Chivas que estaba por su escuela. Se probó y se quedó. De ahí empezó a subir en las fuerzas básicas del club, hasta que llegó el día más anhelado para cualquier canterano.
Aunque casi se convierte en “debut y despedida” como dice la canción.
“Ese día lo recuerdo perfectamente, me rompí los ligamentos cruzados. Fue la segunda lesión fuerte que tuve en mi carrera. Era un 28 de septiembre de 1990, un partido contra Irapuato en el Estadio Jalisco, segundo tiempo, minuto 48, me rompo el cruzado y tardé dos años en volver. En ese tiempo, la medicina no estaba tan avanzada como esta hoy”.
Lo dice con lujo de detalle durante una plática que tuvo con el canal de Youtube de Legends MX.
Y fue gracias a su necedad de querer jugar profesional, que no se dejó derrumbar por esta terrible lesión. Incluso, muchas personas a su alrededor ya le pedían que dejara su sueño y mejor se dedicara a estudiar. Pero no los escuchó.
“Con perseverancia, tardé dos años en operaciones, procesos y rehabilitaciones para poder volver a jugar profesional. Entonces son de las cosas que me dan orgullo, por haber dicho que el que persevera alcanza, pude haberme rendido y dedicarme a otra cosa. Hice bien, costó trabajo pero tuve el respaldo de mis padres”.
El “Campeoncito” Hernández también reconoció el apoyo de su esposa, con quien contrajo matrimonio desde muy joven. Fue así que volvió a las canchas y de gran manera.
Para la nación rojiblanca todavía es inolvidable aquel golazo de chilena que marcó un 17 de noviembre de 1995 en un partido de Chivas ante los Pumas, que terminó con goleada 3-0 para los rojiblancos en el Estadio Jalisco.

Sin embargo, la recompensa mayor de todos sus sacrificios, llegó en el torneo Verano 97, cuando fue parte de una histórica plantilla con nombres como “Pulpo” Zúñiga, “Tiburón” Sánchez, Claudio Suárez, Ramón Ramírez, “Gusano” Nápoles, entre otros, comandados por “Tuca” Ferretti.
Aquel memorable equipo llegó hasta la final del certamen contra Toros Neza. Y fue en el partido de vuelta cuando Guillermo Hernández entró de cambio en el segundo tiempo, para amarrar el partido y hacerle honor a su apodo. Levantó el título con su amado Rebaño Sagrado.
Poco después sería enviado a Veracruz, en un traspaso histórico para esos tiempos. Allá continuó su carrera, luego iría a Tecos y finalmente en el Querétaro, equipo donde se retiró en 2002.
Se convertiría en técnico y empezó una nueva faceta de su vida en la que caminó por distintas instituciones. Pero las raíces siempre llaman. En el Apertura 2021 llegó como auxiliar al Tapatío, filial de las Chivas en la Liga de Expansión.
Todo un trajín en el futbol que pudo truncarse por una lesión el día que debutó “Campeoncito” Hernández, pero el destino ya estaba escrito.

