Cada que Chivas visita el estadio Nemesio Diez para enfrentar al Deportivo Toluca, es inevitable no recordar aquella calurosa tarde del 10 de diciembre del 2006, cuando los tapatíos rompieron una sequía importante sin título de liga. 

En un plantel repleto de figuras, Adolfo Bautista es el jugador más emblemático de aquella serie definitoria por una historia demasiado sentimental, pues el contexto que vivió durante mucho tiempo, desató las lágrimas en el rectángulo verde.

Una serie muy difícil

Los Diablos Rojos del Toluca eran un plantel por demás complicado, pues dirigidos por el argentino Américo Gallego, terminaron en la cuarta posición de la fase regular con 27 puntos y marchaban invictos en Liguilla. 

Mientras tanto, las Chivas dirigidas por José Manuel “Chepo” de la Torre, llegaban con un ánimo sorprendente tras haber eliminado al acérrimo rival en semifinales por marcador contundente de 2-0. 

Así los dos equipos se cruzaron en una final muy cerrada, con una ida que terminó empatada por la mínima para dar paso a lo que fue una cardíaca y sentimental definición del torneo Apertura 2006 en La Bombonera.

“”Chepo”” dirigiendo a las Chivas.

La difícil travesía del Bofo Bautista

El Bofo había atravesado meses difíciles y es que a inicios de año resintió la pérdida dolorosa de su madre. 

Se marginó por un mes de las canchas tras caer en una profunda depresión que lo afectó en su carrera profesional, de la cual se preguntó en reiteradas ocasiones si dejarla por siempre o no. 

“Ese torneo ya quería olvidarme del futbol. No quería jugar. Incluso los profesores que estaban, me insistían que fuera a entrenar. Duré como 15 días encerrado en mi casa”, declaró para el Diario AS.

Tocar el cielo con las manos

Tras superar el duelo por la muerte de su madre, Bautista se repuso con un torneo dedicado al cielo con un total de cinco goles en fase regular. 

Aquella tarde calurosa en Toluca, el delantero tocó el cielo con las manos con el gol que le dio el onceavo título de su historia al Club Deportivo Guadalajara y, acompañado de un festejo entre lágrimas, le dedicó ese enorme triunfo a su madre. 

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Esa anotación firmó la voltereta de Chivas en una de las canchas más complicadas del futbol mexicano, pues tras ir perdiendo 1-0, se repusieron para ser campeones en cancha ajena por marcador de 2-1.

‘Se me salieron las lágrimas por todo lo que traía encima’

Años después del emblemático acontecimiento, el recordado Bofo lo recuerda con mucho cariño aquel momento que marcó su carrera para siempre. 

“Se me salieron las lágrimas por todo lo que traía encima, al haber perdido lo que más quería en la vida. Después del partido, empecé a hablar con ella, me decía que me quería mucho, que había cumplido mi sueño de jugar, que ella estaba conmigo”. 

Cerró sus declaraciones para el Diario AS de la manera más emotiva posible, sentenciando: “como diciéndome que era mi ángel”.